Sala VIII

"La casas rural y la religión romana"

La “paz” que reina en el Imperio romano durante los dos primeros siglos después de Cristo, trae consigo una bonanza económica que hace que se difundan por las provincias las modas imperantes en Roma. Algunos prósperos propieta- rios afincados en las huertas y campos del valle del Guadalentín incorporan en sus villas ricos programas ornamentales, consistentes en la pavimentación de mosaicos y la decoración con elementos ornamentales en los atrios y peristilos.

El mejor ejemplo de este tipo de villas residenciales lo encontramos en La Quintilla, algunas de cuyas pinturas murales se muestran en esta sala. Se completa la exposición con las reproducciones de los mosaicos que pavimentaban los suelos de algunas habitaciones de La Quintilla que se muestran en la caja de escaleras del museo y el capitel corintizante que se expone en esta sala.

La luz artificial que iluminaba las casas romanas provenía generalmente de lámparas de aceite denominabas lucernas, que se solían distribuir por las habitaciones. Una interesante colección de lucernas de diferentes épocas, decoradas con escenas de dioses, mitos, gladiadores, animales y símbolos cristianos se pueden contemplarse en esta sala.

Los romanos creían en dioses y en otra vida después de la muerte. La religión romana se practicaba en ceremonias públicas en los templos, donde se rendía culto a los dioses oficiales (Júpiter, Juno, Minerva,…) y al emperador.Para la necesidad diaria el romano rea- lizaba el culto en el ámbito familiar, adorando a los Lares, dioses protectores del hogar, a los Manes, dioses que representan a los antepasados muertos, y a los Penates, divinidades encargadas de abastecer la despensa. Una de las divinidades más populares fue Mercurio, dios romano de la elocuencia, protector de viajeros, mercaderes y ladrones. La figura de Mercurio que se expone, pudo estar ubicada en una pequeña capilla doméstica o larario, donde los habitantes de la vivienda de El Villar (Coy) le rindieron culto.

En las casas también se practicó la superstición y la magia, como lo prueban las jarritas halladas bajo el suelo de las tabernas halladas en la calle Carril de Caldereros, introducidas como rito fundacional de este edifico. También se exponen unas figuritas que pudieron ser empleadas como exvotos o amuletos. La muerte consistía en el último acto social de una persona. Los romanos practicaron la inhumación e incineración de los cadáveres, era costumbre como parte de estos ritos introducir en la sepultura cosas personales del muerto, así como otros objetos, como monedas que se ponían en la boca o en la mano del difunto para pagar al barquero Caronte el precio del viaje que le permitiría acceder al Más Allá.Los ajuares funerarios se ilustran con piezas de las sepulturas excavadas en la calle Eugenio Úbeda, 7 y en la Glorieta de San Vicente (Lorca).

En algunas de las sepulturas se colocaba un túmulo o montículo de tierra sobre el que se clavaba una lápida funeraria. En ella se grababa el epitafio con el nombre de la persona fallecida, aparece en las lápidas sepulcrales L.Rubellius, M. Calpurni y C.Placida que se exponen.

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